Estimados amigos y
colegas, les dejo este artículo que me publicaron hoy en RT Español (Russia
Today) sobre los 30 años de Malvinas. El mismo se basa en parte sobre el
espléndido trabajo realizado por el Dr. Julio C. González (secretario Legal y
Técnico del último gobierno de Perón), "Los Tratados de Paz por la Guerra de las
Malvinas: Desocupación y Hambre para los Argentinos" (Ediciones del Copista,
Córdoba, 2007). Agradeceré si por favor le pueden dar máxima difusión. Gracias y
saludos, Adrian.
ARGENTINA, DE
GUERRA RELÁMPAGO POR MALVINAS A SU "TRATADO DE VERSALLES"
por Adrian Salbuchi
(*)
El
2 de abril marca el 30º aniversario de la recuperación militar de las Islas
Malvinas en el Atlántico Sur por la Argentina durante el régimen cívico-militar
entonces en el poder. Una guerra relámpago que terminó 74 días más tarde, el 14
de junio, con la rendición de las fuerzas argentinas ante la fuerza de tareas
británica. Aquello preparó el camino para lo que algunos años más tarde se
transformaría en el "Tratado de Versalles Argentino".
Fracaso
diplomático
Muchos
recordarán cómo la junta militar presidida por el general Leopoldo Galtieri
ocupó las desoladas Islas Malvinas; cómo Margaret Thatcher inmediatamente
despachó una flota de guerra de 127 embarcaciones con sus naves insignia, los
portaviones Invincible y Hermes a la cabeza junto a docenas de caza-bombarderos
para recuperar las islas; cómo el general Alexander Haig, secretario de Estado
del presidente norteamericano Ronald Reagan hizo de cuenta que era "mediador" en
el conflicto mientras el secretario de defensa Caspar Weinberger enviaba
equipamiento militar, armamento y pertrechos por miles de millones de dólares
–aviones de combate, visores nocturnos, millones de litros de combustible,
equipos de guerra y apoyo logístico– para dar urgentísimo apoyo al esfuerzo
bélico británico, lo que también incluyó el uso de sus satélites militares
secretos y de sus bases en la Isla Ascensión en el Océano Atlántico a mitad de
camino entre Londres y las Malvinas.
La
guerra
Muchos
también recordarán las sangrientas batallas de aquella contienda que se inició
el 2 de mayo cuando un submarino nuclear británico, el Conqueror, recibió la
orden de Londres de hundir al crucero argentino ARA General Belgrano ocasionando
la pérdida de 323 marineros argentinos mientras el mismo se hallaba navegando
fuera de la zona de exclusión unilateralmente dispuesta por los ingleses y en
dirección contraria al teatro de guerra. Poco después, la Argentina atacaría a
toda la flota de guerra británica hundiendo las naves Sheffield, Atlantic
Conveyor, Coventry, Ardent y Antelope. En total, murieron 649 combatientes
argentinos y 255 británicos. El resto es historia…
Treinta
años después, escuchamos ecos de aquel conflicto en las vulgares rencillas
verborrágicas entre la presidente argentina Cristina Kirchner y el premier
británico David Cameron, con acusaciones mutuas de explotación y derechos sobre
el petróleo, "soberanía", "descolonización" y "remilitarización de Atlántico
Sur". Como dijera en mi artículo en RT Español de fecha 11 de febrero, "¡Risas
inglesas sobre Islas Malvinas!", todo esto no es más que "mucho ruido y pocas
nueces…".
La derrota
Porque
el verdadero quid de la cuestión es que –igual que con todas las naciones
derrotadas en guerra por EE. UU., el Reino Unido y sus aliados– Argentina
también habría de sufrir su "Tratado de Versalles", igual al que le fuera
impuesto a la derrotada Alemana en 1919 tras la Primera Guerra Mundial por esos
mismos aliados victoriosos, ocasionándole horrendo sufrimiento económico,
financiero, social y político que aseguró que pocos años después Adolfo Hitler y
su movimiento nacionalsocialista recibiera masivo apoyo popular del pueblo
alemán. También aquí, el resto es historia…
Pero los Aliados han
aprendido muchas lecciones desde entonces. Al igual que con Alemania, Austria,
Japón, Italia e Irak, a la Argentina también era preciso castigarla, sin embargo
en lugar de ocuparla militarmente, a la Argentina se la obligó a tragar una
píldora casi igual de amarga…
Se le impuso la "democracia" en su falsa
variante anglo-norteamericana, profusamente financiada por los Dueños del Poder
Global y sus sátrapas locales, y taladrada en los cerebros de cada argentino a
través de sus poderosos multimedios locales y globales.
Con
la imposición de aquella "democracia" en diciembre 1983, los sucesivos
presidentes desde Raúl Alfonsín (el "Sr. Hiperinflación 1989"), pasando por
Carlos Menem (gerenciador local del "Tratado de Versalles Argentino") y Fernando
De la Rúa (el "Sr. Colapso Financiero 2001"), hasta Néstor y Cristina Kirchner
en los últimos nueve años, todos le garantizaron a los Dueños del Poder Global
tres cosas fundamentales para ellos:
(1) Que la Argentina siempre se
mantendría de rodillas antes sus victoriosos enemigos;
(2)
Que la Argentina jamás investigará el origen ilegítimo e ilegal de su enorme
Deuda Externa iniciada bajo el régimen ilegal cívico-militar, sino que pagará y
pagará década tras década, y
(3)
Que la Argentina desmantelaría, desintegraría y destruiría sus fuerzas armadas
tanto material como moralmente, de manera de transformar a Argentina en un país
total y absolutamente desarmado ante un mundo terriblemente
peligroso.
Todo
ello, resultado del "Tratado de Versalles Argentino".
Para
empezar, el presidente Alfonsín hizo juzgar de manera pública y bochornosa a
miles de militares por violaciones de los derechos humanos, una tarea necesaria
sin dudas pero desnaturalizada a través de un vasto, complejo y completo
ejercicio de guerra psicológica que tuvo como resultado que el pueblo argentino
terminase odiando a sus instituciones militares, en lugar de limitarse a
expulsar a los criminales que se habían infiltrado en sus filas. Ello tuvo el
efecto de destruir a las Fuerzas Armadas institucionalmente.
¿Puede
imaginarse lo que ocurriría si EE. UU., Gran Bretaña, Francia e Israel
decidiesen juzgar pública y ampliamente a sus militares por los genocidios
perpetrados en África, Irak, Afganistán, Libia, Palestina, Serbia y Panamá? No,
no…. Eso solo le ocurre a los ejércitos vencidos: alemanes, italianos,
japoneses, árabes y argentinos. Y todo luego reforzado por películas de
historia-ficción hábilmente urdidas por las usinas de guerra psicológica de
Hollywood dedicadas a taladrar los cerebros de todo el mundo.
Un nuevo
"Versalles"
En
realidad, este Versalles argentino tiene nombre propio: "Tratado Anglo-Argentino
de Promoción y Protección de Inversiones" suscripto en Londres el 11 de
diciembre de 1990, y promulgado por el Congreso argentino el 4 de noviembre de
1992 (Ley No. 24.184). Así, se coronó una larga serie de negociaciones entre
Argentina y el Reino Unido que en febrero 1990 llevó a la suscripción de un
acuerdo formal mediante el cual el entonces presidente Carlos Menem y su
ministro de relaciones exteriores –el notorio miembro de la Comision Trilateral
y protegido de Rockefeller y Soros- Domingo Cavallo, operarían como
gerenciadores locales, promoviendo los intereses británicos y norteamericanos en
el país.
Ese
acuerdo y tratado le darían al Reino Unido el control sobre las fuerzas armadas
argentinas, especialmente en la región de la inmensamente rica Patagonia, donde
ya existen vastas inversiones estadounidenses, británicas e israelíes (Art. 5);
nuestra economía se abriría y desregularía en forma irrestricta (Art. 12) de
manera que empresas estatales pudieran ser vendidas y privatizadas a precio vil
(petróleo, minería, ferrocarriles, autopistas, líneas aéreas, electricidad, gas,
agua, fondos de pensiones, servicios postales, seguros, reaseguros, bancos… Su
grito de guerra de entonces parecía ser "¡Si se mueve, privatícenlo!"). Mientras
tanto, a los "inversores" extranjeros se les daba todo tipo de protección,
derechos y asistencia.
Aquel Tratado con el Reino Unido fue rápidamente
sucedido por tratados similares suscritos con Estados Unidos (Ley 24.184), y
luego Francia, Alemania, España, Holanda, Dinamarca, Suecia, Canada,
Australia…
Hitos clave
El
presidente Menem resultó ser un arma muy efectiva en manos del Reino Unido y
Estados unidos, en contra de la Argentina. Su canciller Guido Di Tella llegó a
la vergonzosa bajeza de describir las relaciones entre Argentina y Estados
Unidos como "carnales". Es fácil adivinar quién estaba arriba y quién
debajo…
Algunos
hitos clave que condujeron al "Versalles Argentino":
·
Agosto 1989: Se sanciona la Ley de Reforma del Estado No. 23.696 que prepara el
camino para las privatizaciones y desregulación, promoviendo el reciclaje de los
altamente devaluados bonos de la Deuda Externa argentina para que los
mega-bancos globales los pudieran utilizar para adquirir activos del Estado
Nacional, tomándolos a su valor total nominal;
· Septiembre 1989: La
Reina Isabel II recibe en Londres en audiencia privada y secreta al entonces
senador Eduardo Menem (hermano de Carlos);
· Noviembre 1989: La Reina
abre las sesiones del Parlamento británico refiriéndose específicamente a las
reanudadas relaciones diplomáticas con la Argentina señalando que abrirían
enormes oportunidades comerciales para el comercio británico;
·
Noviembre 1989: Lord Montgomery encabeza una misión comercial británica a la
Argentina para inventariar empresas públicas, recursos energéticos,
alimentarios, mineros y otros en la Argentina. ¡Regresó a Londres con una gran
sonrisa!
·
1991: Domingo Cavallo, ahora ministro de Economía, planifica con el secretario
del tesoro estadounidense Nicholas Brady, el así llamado Plan Brady de canje de
bonos de Deuda Externa. Tan redituable resultó este proceso para banqueros y
corporaciones globales que cuando George Bush (padre) pierde las elecciones de
1992 y Brady se retiró del Gobierno, fundó una consultora en materia de deuda
pública latinoamericana asociándose a Daniel Marx, el subsecretario clave de
Cavallo en el proceso de canje de la Deuda Externa argentina.
Las
lecciones de esta historia…
Resulta
mucho mejor (y es más fácil) evitar la ocupación militar de naciones derrotadas,
imponiéndoles en su lugar la variante anglo-norteamericana de la "democracia".
Ello se logra financiando a los peores elementos políticos locales – a los más
traidores – catapultándolos a puestos clave: presidentes, ministros, senadores,
diputados, jueces, y gobernadores. Luego, todo lo que necesitan hacer es
asegurarse que hagan exactamente lo que los Dueños del Poder exigen que
hagan.
A
esto le llaman "democracia", y funciona realmente bien…. ¡Para los Dueños del
Poder Global, se entiende!
Ah,
y también es importante asegurarse que los medios de difusión locales y globales
jamás le recuerden a la opinión pública:
(a)
Que han sido derrotados;
(b)
Que por más que a un "Tratado de Versalles" se lo llame por cualquier otro
nombre, siempre tendrá el mismo gusto amargo; y
(c)
Que la "democracia" al estilo inglés y norteamericano es un Caballo de Troya
sumamente peligroso.
(*)
Adrian Salbuchi es analista político, autor, conferencista y comentarista en
radio y TV de Argentina.